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Nacimiento de Sofía

A mis 26 semanas de gestación, y después de mucho buscar e investigar distintos lugares donde me permitieran tener ese parto fisiológico que tanto deseaba, descubrí el equipo de PSI. Todavía recuerdo la emoción que sentí cuando supe que de verdad iban a respetar mi deseo de no recibir ningún tipo de intervención a menos que sea realmente necesaria.
Con los diferentes encuentros fui conociendo a este grupo de mujeres maravillosas que cada martes me escuchaban, contenían, entendían cada emoción que iba transitando, me enseñaban y, por sobre todo, me generaban una confianza absoluta en ellas.

El 11 de junio bien temprano llegó Sofía.

Las contracciones habían empezado unos días antes, pero después de unas horas se iban, así que había que seguir esperando.
Ese viernes a las 6 de la mañana me desperté, el dolor ya era mucho más intenso y, por todo lo que había aprendido en el curso de pre parto, sabía que la beba ya estaba muy cerca. En los intervalos que tenía entre una contracción y la otra, pude vestirme y llegar hasta el auto. Volamos al IMO donde ya me esperaba ese ángel que no voy a olvidar jamás, Adriana. Con ella caminé el pasillo hasta la habitación 215 donde iba a nacer mi hija y que ya habíamos conocido previamente. En menos de diez minutos estaba naciendo Sofía. Fue el parto más mágico e increíble que podía haber tenido. Incluso mejor de lo que había soñado e imaginado. La calma, a pesar del miedo a mi primer parto, que me generaba la confianza en estas mujeres de otro planeta.
El haber tenido un parto no intervenido me marcó la diferencia. Poder sentir cada segundo de todo ese proceso maravilloso, poder manejarlo decidiendo qué posturas adoptar y respetando los tiempos y necesidades de mi cuerpo sin que nadie me tenga que decir que hacer o cómo ponerme. El cuerpo sabe, la naturaleza sabe.
Duele, sí, duele, pero es un dolor distinto, un dolor que me llevó a conocer a la persona que más amo en este mundo y así lo viví, como el camino hacia mi hija que yo decidí cómo atravesar, acompañada por este ejército de guerreras que sabía estaban ahí y no me iban a soltar nunca la mano.


Eternas gracias a todo el equipo de PSI, no me alcanzan las palabras para devolverles un poquito de todo lo que hicieron por nosotros.


Natalia Brunelli

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